sábado, 17 de enero de 2026

Santa María de Piasca

La actual iglesia de Santa María de Piasca se levantó en el siglo XII, en estilo románico, en sustitución de la anterior, contemporánea al monasterio de Santa María la Real de Piasca, del siglo VIII o IX. Se la cita por primera vez en 930 en la donación de Theoda y Agonti en favor de la villa de Piasca. También se cita en un cartulario de 941 como iglesia de un monasterio dúplice, regido por la Regla de San Fructuoso, bajo la dirección de la abadesa Aylo. Durante el siglo XI, bajo la protección del conde de Liébana, el monasterio se convirtió en un centro religioso de primer orden, que siguió creciendo durante el siglo XII. Durante la Baja Edad Media perdió protagonismo. Fue remodelada en 1439 en estilo gótico. La comunidad religiosa fue exclaustrada en aplicación de la desamortización de Mendizábal de 1836, desapareciendo el monasterio y quedando la iglesia de Santa María de Piasca reducida a la condición de iglesia parroquial. Fue declarada Monumento Nacional en 1930.

La iglesia de Santa María de Piasca formó parte del desaparecido monasterio de Santa María la Real de Piasca y es una de las más representativas de la arquitectura románica del norte de España.

  

La planta de la iglesia de Santa María de Piasca es basilical con tres naves, de tres tramos antes del crucero, la central doble en anchura que las laterales; los tramos del transepto ofrecen un mayor desarrollo que los de las naves; la cabecera en origen era triabsidial, siendo el ábside central el de mayores proporciones, al exterior de planta circular y al interior poligonal; sin embargo, el ábside norte se perdió por unas filtraciones habidas en el siglo XV y en su lugar se levantó una sacristía de planta irregular. Hay dos accesos, el principal, en la fachada occidental, que desemboca en la nave central, y uno secundario, en el muro meridional, que da acceso al tramo anterior al transepto.


La planta de la iglesia de Santa María de Piasca es basilical de tres naves. De los tres ábsides originales se perdió en septentrional en el siglo XV.

  

Las naves aparecen separadas por pilares cruciformes, los cuales soportan arcos de medio punto. La nave central aparece cubierta por una bóveda de cañón reforzada por arcos fajones, las laterales por bóvedas de crucería, las del transepto por bóvedas de arista sexpartitas y los ábsides por bóvedas nervadas. El muro exterior está recorrido por catorce contrafuertes, que reciben la presión de las cubiertas.

Se diferencian varias alturas al exterior: el crucero sobresale sobre los espacios laterales del transepto, la nave central, las laterales, el ábside principal, el lateral y la sacristía. También se diferencian varias cubiertas: el crucero a cuatro aguas, los espacios laterales del transepto a tres vertientes, la nave central a dos aguas y las laterales, ábsides y sacristía a una vertiente.


La portada oeste es el elemento más destacado de la iglesia de Santa María de Piasca.

  

La portada occidental se abre en un cuerpo que sobresale respecto al muro principal de la fachada. Presenta cinco arquivoltas, apenas apuntadas, que descansan sobre una línea de imposta y, de manera alterna, sobre dos columnas de fuste cilíndrico y tres columnas entregas adosadas a los salientes lisos. Los elementos decorativos se concentran en los capiteles, las arquivoltas y en el fuste de una de las columnas del lado derecho de la portada. En los capiteles del lado izquierdo, de fuera hacia dentro, se reconocen las escenas siguientes: un león y basilisco, dos centauros enfrentados, dos dragones alados, una escena de cetrería y un cesto. En los capiteles del lado derecho, de fuera hacia dentro, se distinguen las escenas siguientes: un grifo junto a un jabalí, grifos, una cesta vegetal, la Anunciación y un motivo vegetal. Bajo el capitel de la Anunciación, en el fuste de la columna, se reconoce la figura de san Miguel Arcángel derrotando a un dragón. Las arquivoltas impares aparecen decoradas con motivos vegetales, la segunda con motivos figurativos, desde antropomórficos a zoomórficos, la cuarta arquivolta aparece sin decoración.

Sobre el acceso hay una galería de tres arcos, el central de medio punto y de mayor tamaño a los laterales trilobulados, enmarcados por un alfiz, liso sobre el arco de medio punto y dentado sobre los laterales. Los arcos se apoyan en pequeñas columnas de fuste liso y capiteles de distinta apariencia, siendo los más llamativos los centrales, ornados con cabezas monstruosas. El arco central cobija la figura de la Virgen María con el Niño, una imagen del siglo XVI que vino a sustituir a la original, y a los lados las imágenes originales de san Pedro, al que se le reconoce por las llaves del cielo, y san Pablo, que sujeta una cartela en la que se lee su nombre.

Remata la fachada principal una espadaña campanario.


La actual portada meridional comunicaba la iglesia con el claustro del monasterio de Santa María la Real de Piasca, hoy desaparecido.

  

La portada meridional cuenta con dos columnas de fuste liso, capiteles irreconocibles por estar muy deteriorados, cimacios adornados con motivos vegetales y de cacería de un jabalí y arquivoltas, la interior adornada con motivos antropomórficos relacionados con profesiones medievales y la exterior decorada con motivos vegetales.

La cabecera original estaba compuesta por tres ábsides, de los que se conservan el central y el meridional, el septentrional se perdió en el siglo XV y en su lugar se levantó una sacristía con una apariencia distinta a la del ábside original. El ábside central es de mayores proporciones: está dividido en tres segmentos por dos contrafuertes, que recorren los dos primeros niveles, y que, en el nivel superior, se transforman en parejas de columnas; en el centro del ábside se abre un vano con arquivolta apuntada, que descansa sobre cimacio y columnas de fuste liso y capiteles decorados con motivos de cestería y roleos; cada nivel viene marcado por una línea de cornisa.

De la cabecera triabsidial original solo se conservan el ábside central y el meridional, que aparecen reforzados con contrafuertes.

  

Los motivos decorativos exteriores de la iglesia de Santa María de Piasca son los canecillos y las metopas que soportan los aleros de las cubiertas; en ellos aparecen representados animales y quimeras.

En los muros del presbiterio se abren sendas parejas de arcos lobulados apuntados decorados por una banda de taquedo jaqués; estos arcos descansan sobre una pareja de columnas en el centro y una columna en los laterales. Los capiteles de las columnas reciben los motivos decorativos más interesantes, desde vegetales a antropomórficos, siendo el más llamativo aquel en el que se representa la escena de la Epifanía, con el Niño en el regazo de la Virgen María y los tres Reyes Magos. El capitel conserva restos de policromía. Otros capiteles están decorados con motivos vegetales.

El capitel de la Epifanía es el motivo decorativo más representativo del interior de la iglesia de Santa María de Piasca.

sábado, 10 de enero de 2026

Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid

El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid fue inaugurado en 1965 por iniciativa del arzobispo José García y Goldaraz. Reúne más de 450 piezas de escultura, orfebrería y pintura, destacando las de estilo barroco.

El conjunto escultórico San Martín con el pobre (1606), de estilo barroco, es la primera obra de Gregorio Fernández y una de las más reconocidas del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid.

  

Entre las piezas más valoradas hay que citar los sepulcros del siglo XIII procedentes del monasterio cisterciense de Santa María de Palazuelos, una colección de vírgenes góticas, varias obras barrocas, sobresaliendo San Martín con el pobre (1606) y Ecce Homo (1615), ambas de Gregorio Fernández, y la sillería del coro del monasterio de San Benito el Real de Valladolid (1764), de Felipe de Espinabete,

Las piezas de orfebrería más estimadas son la custodia procesional Adán y Eva en el Jardín del Edén (1590), de Juan de Arfe, y el altar de Nuestra Señora de la Asunción, patrona del cabildo catedralicio de Valladolid, obra de Miguel Fernández y Damián de Castro, realizada en plata, de estilo rococó. Otras piezas de gran valor son las colecciones de cálices y copones de estilo gótico y renacentista.

El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid también reúne pinturas de los siglos XVII y XVIII, siendo las más valoradas las que componen la serie Buen Pastor y Apostolado (1648), de estilo barroco, realizadas por Cristóbal García Salmerón.

Buen Pastor (1648) es uno de los mejores lienzos del pintor barroco Cristóbal García Salmerón. Forma parte de la serie Buen Pastor y Apostolado.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Francisco Herrera el Viejo

Francisco Herrera el Viejo (Sevilla, hacia 1590-Madrid, hacia 1654) fue pintor, grabador y diseñador arquitectónico. Se formó con Juan de Herrera y Aguilar, su padre, que era grabador y pintor de miniaturas, y con el pintor Francisco Pacheco; además, recibió la influencia de Juan Roelas, Francisco de Zurbarán, con quien colaboró, y de Diego Velázquez, después de que contribuyese en su formación. Su carrera profesional se desarrolló en Sevilla hasta 1647, año en el que se trasladó a Madrid. Entre sus obras más destacadas hay que citar San Buenaventura recibe el hábito de san Francisco, Juicio Final, ambos en 1628, y San Jerónimo (1640-1645). 

La trayectoria pictórica de Francisco Herrera el Viejo pasó por tres etapas:

  • Formación, hasta 1614.
  • Manierista, de 1614 a 1626.
  • Barroca, de 1626 hasta 1654. 

Francisco Herrera el Viejo desarrolló su etapa de formación (hasta 1614) en el taller de su padre, Juan de Herrera y Aguilar, con quien se inició en el grabado y la pintura. La primera obra firmada por él fue el grabado calcográfico para la portada de un libro en la que aparece retratado san Ignacio de Loyola. 

Los primeros años de la etapa manierista (1614-1626) de Francisco Herrera el Viejo fueron controvertidos; hasta 1619 trabajó como pintor de manera ilegal dado que realizó encargos sin haber superado el examen de maestro. 

El primer encargo importante que recibió Francisco Herrera el Viejo fue la serie de lienzos que decoraron la capilla de la Vera Cruz del convento de San Francisco de Sevilla, de los que solo se conservan La Inmaculada con monjes franciscanos, El rescate de san Luis y La visión de Constantino, todos de 1614, de estilo manierista. 

Otro cuadro de sus primeros años es Pentecostés (1617), también de impronta manierista. 

El Colegio de Teología de la Compañía de Jesús de Sevilla le encargó uno de sus cuadros más célebres, Apoteosis de san Hermenegildo (1620-1624), que decoraría la iglesia de dicha institución. El lienzo se divide en dos registros superpuestos, en el inferior o terrenal aparece san Isidoro sometiendo al rey visigodo Leovigildo y a san Leandro, mientras protege al rey visigodo Recaredo, quien se convirtió al catolicismo (III Concilio de Toledo, 589), y en el superior o celestial se identifica a san Hermenegildo, hijo del rey visigodo Leovigildo quienes se enfrentaron por sus diferentes creencias, siendo Leovigildo arriano y san Hermenegildo católico, muriendo este en un enfrentamiento militar; se aprecian rasgos arcaizantes en la superposición de registros, la influencia de Juan de Roelas en el rompimiento de gloria y características personales como rostros con rasgos muy marcados, pinceladas enérgicas y sueltas y una paleta de colores dominada por los tonos azules, castaños, dorados y negros.

Apoteosis de san Hermenegildo (1620-1624) es la primera obra maestra de Francisco Herrera el Viejo. Se estructura en dos registros superpuestos, ocupando más espacio el superior o celestial.

  

Durante la etapa barroca (1626-1654), Francisco Herrera el Viejo alcanzó su madurez artística y pintó sus mejores obras: San Buenaventura recibe el hábito de san Francisco, Juicio Final, ambos en 1628, y San Jerónimo (1640-1645). 

El Colegio franciscano de San Buenaventura de Sevilla encargó en 1626 a Francisco Herrera el Viejo cuatro lienzos de la serie Historia de san Buenaventura, en colaboración con Francisco de Zurbarán. De los lienzos que realizó Francisco Herrera el Viejo destaca San Buenaventura recibe el hábito de san Francisco (1628); se representa el momento en el que san Buenaventura ingresa como novicio en la Orden Francisca en 1243; la escena se desarrolla en el interior de una iglesia; una línea diagonal que recorre el lienzo desde la parte inferior derecha hasta media altura del lado izquierdo, formada por las cabezas de los frailes franciscanos, marca el eje compositivo de la escena; aísla a san Buenaventura en la esquina inferior izquierda del lienzo; el resto del lienzo se rellana con el paisaje arquitectónico que ofrece el interior de la iglesia y los feligreses que asisten al evento, que se acumulan en el fondo superior izquierdo; las características más llamativas son el naturalismo, como evidencia la individualización de los rostros en rasgos y expresiones, aunque abundan los semblantes serios junto con el de aceptación de san Buenaventura, una paleta de colores dominada por las tonalidades castañas, ocres y grises, además del blanco y del negro del hábito de san Buenaventura, y una pincelada amplia y suelta. Otros lienzos de Francisco Herrera el Viejo para esta serie son Santa Catalina y la familia de san Buenaventura, San Buenaventura Niño, presentado a san Francisco y la Comunión de san Buenaventura, todos de 1628.


San Buenaventura recibe el hábito de san Francisco (1628) es la primera gran obra de Francisco Herrera el Viejo en estilo barroco.

  

Francisco Herrera el Viejo pintó Juicio Final (1628) para la iglesia de San Bernardo de Sevilla por encargo de la Hermandad Sacramental y de Ánimas. El cuadro y la composición son monumentales, buscando un fuerte impacto emocional en el espectador. El lienzo se divide en dos registros; en el inferior destaca la imagen de san Miguel Arcángel con armadura, espada y escudo, con los justos a su derecha, que reciben más luz, y los condenados a su izquierda, en penumbra; el superior o celestial se representa la Parusía o segunda llegada de Cristo, así Cristo preside la escena, sentado en un trono, sujetando la cruz con la mano izquierda y con la derecha alzada, porta nimbo crucífero y viste manto rojo, símbolos de la Pasión, aparece flanqueado por la Virgen María, vestida de blanco y azul, símbolos de la pureza y la eternidad, y san Juan, con un cáliz en mano del que sale una serpiente, símbolo del martirio, a san Pedro con un libro abierto, símbolo del ministerio divino en la tierra, a san Juan Bautista, vestido con piel de camello, a san Pablo con una espada en la mano derecha, símbolo de su martirio, y san Andrés cargando con la cruz en la aspa, símbolo de su martirio, y rodeado de ángeles niños, músicos, fundadores de órdenes religiosas, obispos, cardenales y santos. La pincelada es suelta y en la paleta de colores abundan las tonalidades azules, castañas, doradas, encarnadas y rojas.

Francisco Herrera el Viejo en Juicio Final (1628) desarrolló un programa doctrinal y simbológico muy completo.

  

En los años treinta del siglo XVII, Francisco Herrera el Viejo siguió atendiendo un número creciente de encargos realizados por diferentes instituciones religiosas. Hay que mencionar San Miguel (1632), La Santa Cena (1635), Las tentaciones del santo Job (1636), Santa Ana con la Virgen Niña (1636), El embarque de santa Paula a Tierra Santa (hacia 1636), La visión de san Basilio y San Basilio dictando su doctrina, ambos de 1638. 

Francisco Herrera el Viejo alcanza la madurez plena en la década de los cuarenta del siglo XVII, desarrollando su carrera entre Sevilla y Madrid. De esta década hay que mencionar Apostolado, La Inmaculada con san Joaquín y santa Ana, ambos hacia 1640, San José con el Niño y San Jerónimo, ambos de 1645. De entre todos destaca San Jerónimo; el santo aparece en su retiro, ocupado en estudiar, reflexionar y escribir, mientras escucha la trompeta apocalíptica; viste túnica roja; aparece acompañado por un león domesticado y una calavera, sin embargo, no aparecen los elementos penitenciales del santo, la piedra para golpearse y el crucifijo al que encomendarse; es decir, Francisco Herrera el Viejo retrato a san Jerónimo como intelectual; el santo aparece envejecido, pero su complexión es atlética; la mirada demuestra que san Jerónimo está concentrado en sus pensamientos; las pinceladas son ligeras; en la paleta de colores dominan las tonalidades castañas y rojizas.


San Jerónimo (1645) es una de las últimas obras maestras de Francisco Herrera el Viejo. Presenta al santo como un intelectual y no como un mártir.

  

De los últimos años de la carrera artística de Francisco Herrera el Viejo el más fructífero fue 1650. En ese año pintó La multiplicación de los panes y los peces, San Pedro arrepentido, Visitación, Custodia adorada por ángeles y La Adoración de los Reyes. 

Francisco Herrera el Viejo también destacó como dibujante. En sus dibujos utiliza las técnicas de la aguada parda, la pluma sobre papel y pluma de caña. Entre los dibujos más destacados hay que mencionar Las Marías, donde las tres mujeres muestran semblantes de dolor; un segundo dibujo también titulado Las Marías, donde aparecen representadas la Virgen María y las tres Marías con gestos de pesar; Los santos varones, que hace conjunto con los dos dibujos anteriores y que se caracteriza por un intenso dramatismo; Estudio de cabeza masculina barbada, un perfil bien definido y sobrio; Figura de apóstol, que llama la atención al concentrar la fuerza expresiva en las manos entrecruzadas; y Un apóstol (1642), uno de los dibujos más trascendentales de la Escuela andaluza del siglo XVII por su monumentalidad. Francisco Herrera el Viejo se valió de líneas diagonales cruzadas para dar volumen a las figuras que aparecen en sus dibujos.


Francisco Herrera el Viejo destacó como dibujante. Un apóstol (1642) es su mejor dibujo y uno de los más destacados de la Escuela andaluza del siglo XVII.

  

Francisco Herrera el Viejo realizó unos pocos diseños arquitectónicos; hay que citar el retablo de las Ánimas de la iglesia de San Pedro de Sevilla (1620), las yeserías de la iglesia del colegio de San Buenaventura de Sevilla (1626) y las yeserías del convento de Santa Inés de Sevilla (hacia 1630). 

Francisco Herrera el Viejo influyó en sus hijos, los también pintores Francisco Herrera el Mozo y Herrera el Rubio.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo

La Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo se construyó en el siglo IX en estilo prerrománico asturiano. Consta de dos dependencias, la cripta de Santa Leocadia y la capilla de San Miguel. 

El apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo se encuentra en la capilla de San Miguel, reformada en el siglo XII. Se aprovechó esta reforma para subir la altura de la cubierta e introducir seis dobles estatuas-columnas figuradas en las que se representan los doce apóstoles. 

Las estatuas-columna descansan sobre un pedestal prismático, que consta de un primer cuerpo no decorado, un segundo cuerpo de mayor desarrollo, enmarcadas por columnillas acodilladas en los ángulos, de basa ática, fuste cilíndrico sin decoración y capitel, y un tercer cuerpo de superficie estriada con acanaladuras cóncavas y convexas, decoradas con motivos vegetales y zoomórficos. Las basas de las estatuas-columna están formadas por un plinto rectangular con diferentes motivos decorativos, la estatua, el collarino, capitel historiado y cimacio compartido decorado con motivos vegetales. 

El apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo se organiza por parejas de estatuas-columna, tres a cada lado. En la imagen las tres parejas del lado derecho. En este lado hay dos vanos entre las parejas de estatuas-columna, que sirven para iluminar el interior de la Cámara Santa.


El apostolado se distribuye de la siguiente manera: a la derecha se reconocen las representaciones de santo Tomás y san Bartolomé, san Pedro y san Pablo y san Andrés y san Mateo; y a la izquierda las de san Simón y san Judas Tadeo, Santiago el Mayor y san Juan y Santiago el Menor y san Felipe. 

Imagen de las estatuas-columna del lado izquierdo del apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo. El fuste de la columna ha sido sustituido por una escultura de cada uno de los apóstoles.


Las representaciones de santo Tomás y san Bartolomé se identifican por las filacterias en las que aparecen escritos sus nombres. Santo Tomás presenta como rasgos físicos característicos ojos y cejas muy abiertos y barba partida y rizada; se apoya sobre una quimera, un águila con cabeza de felino. San Bartolomé repite los mismos rasgos físicos que santo Tomás, pero el cabello es más voluminoso; muestra la palma de la mano derecha; se apoya sobre un zorro diabólico de cuya boca sale una rama. Los capiteles están decorados con escenas en las que aparecen caballeros y leones luchando sobre un fondo vegetal.

Santo Tomás y San Bartolomé.

  

Las imágenes de san Pedro y san Pablo se reconocen por sus elementos simbólicos y fisonomía. San Pedro sujeta el rollo de la ley con la mano izquierda y con la derecha las llaves del cielo, presenta barba rizada y viste túnica con pliegues de gran desarrollo. San Pablo aparece pensativo, sostiene un libro, presenta calvicie y barba afilada y viste una túnica semejante a la de san Pedro. Los dos apóstoles descansan sobre motivos vegetales. En el capitel compartido se representa a las tres Marías visitando el Santo Sepulcro, que aparece abierto y vacío, es decir, la Resurrección ya se ha producido.


San Pedro y San Pablo.

  

La imagen de san Andrés se distingue por aparecer con barba muy poblada y acaracolada, mostrando la palma de la mano izquierda y sujetando una filacteria con la derecha; viste túnica ceñida por encima de la cintura; se apoya sobre un animal cuadrúpedo con patas de gallo. La imagen de san Mateo aparece frontal, con gesto pensativo, barba poco poblada y muestra abierto el libro de los Evangelios; se apoya en sendos tallos. Las basas están decoradas con leones afrontados. En el capitel se representa la escena de a Ascensión un Cristo, que aparece imberbe dentro de una mandorla y rodeado por ocho apóstoles sobre un fondo vegetal.

San Andrés y San Mateo.

  

La imagen de san Simón aparece de perfil, mirando a san Judas Tadeo, ofrece cabello y barba muy poblados, muestra la palma de la mano derecha, con la mano izquierda sujeta la túnica, que presenta pliegues curvilíneos; se sostiene sobre una quimera, un águila con cabeza de pez y pezuñas. A san Judas Tadeo se le representa sujetando la túnica con la mano izquierda y con la derecha un libro, que presenta una tapa decorada con rosetas, cabello largo peinado con raya en medio y barba larga y trenzada; se apoya en un animal monstruoso, un águila con cabeza de hombre y pezuñas. El capitel carece de representación historiada, pero está trepanado, lo que crea contrastes de luces y sombras.


San Simón y San Judas Tadeo.

  

Santiago el Mayor aparece como peregrino y santo combatiente, reconociéndosele por sus elementos simbólicos: la concha de los peregrinos y el bordón, que clava en las fauces de la serpiente, representación del mal; viste una túnica enrollada al cuello, ceñida a la cintura y con pliegues concéntricos. La imagen de san Juan es la de un joven; con las dos manos sostiene un libro decorado con rosetas; viste túnica de pliegues verticales; se apoya en un águila, símbolo zoomórfico con el que se le identifica. Las basas están decoradas con una cabeza humana entre dos leones. El capitel acoge las escenas de la Anunciación, la Sagrada Familia y la Resurrección. El cimacio ofrece una escena de caza de un jabalí.


Santiago el Mayor y San Juan.

  

La imagen de Santiago el Menor se reconoce por la barba partida y rizada y bigote ondulado, viste una túnica enrollada al cuello y con pliegues concéntricos y con la mano derecha señala el texto que aparece escrito en la filacteria que sostiene con la mano. La imagen de san Felipe se identifica por exhibir una barba de mechones desarrollados, túnica de pliegues verticales, que cubre la mano izquierda, mientras que con la mano derecha sujeta un libro. Ambas imágenes descansan sobre atalantes arrodillados. En la basa se representa un animal mostrando los cuartos traseros entre unas cabezas humanas. En los capiteles se representan escenas de cetrería.


Santiago el Menor y San Felipe.

  

Se desconoce el autor del apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo, pero se considera que fue un buen conocedor de la obra del maestro Mateo. 

El apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo debe su importancia a ser uno de los conjuntos escultóricos más representativos de la etapa final del románico por los siguientes motivos:

  • Uso de la estatua-columna, es decir, una escultura hace las veces de fuste de la columna.
  • Configuración del apostolado como “colegio apostólico”.
  • Representación del apostolado por parejas.
  • Individualización de los doce apóstoles, pudiéndolos identificar por sus elementos simbólicos y por el aspecto físico.
  • Interacción entre las figuras. 

Además, el uso de estatuas-columnas en el apostolado de la Cámara Santa de la santa iglesia basílica catedral metropolitana de San Salvador de Oviedo influyó en el uso de este mismo elemento en muchos otros edificios religiosos españoles, por ejemplo, en la iglesia basílica de San Vicente de Ávila y en la iglesia de San Martín de Segovia.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Santa Cecilia de Barriosuso

La ermita de Santa Cecilia de Barriosuso se edificó sobre un asentamiento romano entre finales del siglo IX y principios del X en estilo mozárabe. Se la cita por primera vez en 924 como parroquia del pueblo de Tabladillo, en 1041 se integró en el señorío de San Pedro de Arlanza y en 1125 pasó a depender del monasterio de Santo de Domingo de Silos. Durante el segundo cuarto del siglo XII se le añadió un pórtico románico en el muro meridional. Fue afectada por la desamortización de Mendizábal de 1835.


La ermita de Santa Cecilia de Barriosuso se levantó a caballo de los siglos IX y X en estilo mozárabe. En el siglo XII se añadió un pórtico románico.

  

La ermita de Santa Cecilia de Barriosuso presenta planta rectangular de una sola nave con acceso en el muro meridional y ábside de planta cuadrada. Las dimensiones son reducidas.

La ermita de Santa Cecilia de Barriosuso presenta una sola nave rectangular y ábside de planta cuadrada. El pórtico que se abre en el muro meridional es de planta rectangular, de la misma longitud y apenas menor que la nave principal.

  

El acceso se encuentra en el muro meridional, siendo una modificación románica de mitad del siglo XII; presenta doble arco de medio punto abocinado sobre impostas y jambas. La decoración es discreta y de motivos vegetales, en forma de tallos ondulados con flores de tres hojas. Además, se cuentan dos dinteles, que debieron formar parte de otros tantos accesos, hoy tapiados.

El acceso en arco de medio punto de la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso se reformó a mediados del siglo XII en estilo románico.

  

La única nave de la ermita carece de elementos decorativos y está separada del ábside por un arco de herradura, modificado en el siglo XII para darle una apariencia románica, para lo cual se rebajaron los laterales del arco.


Se accede al ábside la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso a través de un arco de herradura modificado en época románica.

  

Sobre el ábside se levantó una torre, que hace las veces de campanario, ambos son de planta cuadrada. Se desconoce cuándo se levantó la torre. 

La nave cuenta con tres vanos, uno en el muro occidental y dos en el meridional, y el ábside otros dos, una en el muro meridional y otro en el muro oriental, de forma de cruz griega rematado en círculos. Por ello, la iluminación de la ermita es escasa. 

El pórtico se añadió en época románica, durante el segundo cuarto del siglo XII, una vez que la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso pasó a depender del monasterio de Santo Domingo de Silos. Está compuesto por un acceso en arco de medio punto y dos arcos de medio punto a cada lado del mismo. Los arcos descansan sobre impostas y pilares robustos; los arcos presentan una moldura exterior.

El pórtico de la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso se levantó en el segundo cuarto del siglo XII en estilo románico.

  

La cubierta de la torre campanario es a cuatro vertientes, la del ábside y la nave a dos aguas y la del pórtico a una vertiente.

Para la construcción de la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso y del pórtico se utilizaron sillares de piedra y madera, esta para el interior de las cubiertas. 

La trascendencia de la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso radica en la integración de dos estilos arquitectónicos, el mozárabe y el románico.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Niños jugando a los dados, de Murillo

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682) es uno de los pintores más sobresalientes de la pintura barroca española. Se formó en el taller de Juan del Castillo. No se sabe que viajase al extranjero, pero fue un gran conocedor de las pinturas flamenca y veneciana. Sus primeras obras son tenebristas, pero evolucionó hacia una pintura suave de gusto burgués y aristocrático. Alcanzó celebridad gracias a las pinturas religiosas, caso de La Sagrada Familia del pajarito (hacia 1650), Santa Ana enseñando a leer a la Virgen (hacia 1655), Los niños de la concha (1670) e Inmaculada Concepción de L’Ermitage de San Petersburgo (1680), y costumbristas, caso de Joven mendigo (hacia 1650), Dos niños comiendo melón y uvas (1650), Mujeres en la ventana (1665-1675) y Niños jugando a los dados (1675).

Bartolomé Esteban Murillo: Niños jugando a los dados, 1675.
Estilo: Barroco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Costumbrista.
Dimensiones: 140 x 108 cm.
Bayerisches Nationalmuseum, Múnich, Alemania.

  

La temática del juego tuvo dos tratamientos diferentes en la pintura barroca, la pintura italiana se centró en las trampas entre jugadores y la española en el entretenimiento sin malicia. Así lo muestra Murillo en Niños jugando a los dados.

Murillo reproduce una escena costumbrista en la que dos niños, que aparecen sentados en diferentes planos ocupando la mitad derecha del lienzo, están jugando a los dados y otro, de pie en el lado izquierdo del cuadro mira al vacío mientras come una fruta; completan la escena en la esquina inferior izquierda un perro, que mira al niño que aparece de pie y un bodegón compuesto por un cesto de frutas y una vasija rota. Cierra la escena una pobre estructura arquitectónica y una atmósfera neutra y difuminada.

La línea compositiva viene marcada por una diagonal descendente de izquierda a derecha del lienzo, desde la cabeza del niño que está de pie hasta las de los niños que están jugando a los dados. El epicentro de la escena son los dados.

La paleta de colores es limitada: amarillo para la fruta, blanco para la ropa de los niños y gris, ocre y pardo para el vestuario de los niños, el perro y el paisaje.

La luz es contrastada, siendo cálida aquella que reciben los niños y los dados, protagonistas de la escena, y más tenue la que ilumina el resto de los elementos.

Las figuras presentan un modelado construido a partir de la combinación de manchas de color y luz.

Murillo caracteriza a los niños con gestos cotidianos y espontáneos; así, el tratamiento que reciben es naturalista, como el de toda la escena. No se aprecia nada que sea artificioso.

Otro aspecto propio del barroco español es la introducción de un tema secundario, en este caso el bodegón que ocupa la esquina inferior izquierda, que da pie a pensar que los niños se ganan la vida vendiendo fruta.

Murillo trató con esmero y respeto a los niños; aun siendo de condición social humilde, no haciendo escarnio de la pobreza que sufrían; en este caso muestra su oficio y la actividad lúdica que los entretenía.

Niños jugando a los dados se cuenta entre los cuadros costumbristas más valorados de Murillo.

sábado, 8 de noviembre de 2025

San Pedro de Villanueva

La iglesia de San Pedro de Villanueva forma parte del monasterio homónimo, hoy parador nacional de turismo de Cangas de Onís. La iglesia actual se levantó sobre el espacio que ocupó el monasterio que fundó el rey Alfonso I de Asturias a mediados del siglo VIII y que debería de cumplir la función de panteón real. El monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva se edificó en el siglo XII en estilo románico; sin embargo, la iglesia, el claustro y otras dependencias conocieron reformas importantes a lo largo de los siglos XVII y XVIII en estilo barroco. El monasterio fue abandonado con motivo de la desamortización de Mendizábal de 1835, conservando la iglesia sus funciones de culto. El monasterio de San Pedro de Villanueva fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1907 y en 1998 abrió al público como parador nacional de turismo, después de una profunda remodelación.

El ábside y la torre son los elementos exteriores que hacen reconocible a la iglesia de San Pedro de Villanueva. El ábside se levantó en el siglo XII y la torre en el XVII.

  

La planta de la iglesia de San Pedro de Villanueva no es la original del siglo XII, que debió presentar tres naves. La planta actual es de finales del siglo XVIII. De la construcción original se conservan la cabecera y el muro perimetral. La cabecera presenta tres ábsides semicirculares, siendo el central de mayores proporciones. Presenta una sola nave dividida en tres tramos marcados por arcos fajones en el interior y contrafuertes en el exterior.

La planta actual de la iglesia de San Pedro de Villanueva es del siglo XVIII y presenta una sola nave. La cabecera es del siglo XII y triabsidial.

  

La cabecera ofrece tres ábsides; el ábside central es de mayor desarrollo en profundidad, anchura y altura que los laterales, se divide en tres paños por dos semicolumnas adosadas al muro, en el paño central se abre un vano en arco de medio punto de pequeñas proporciones entre columnas y rodeado por una arquivolta. En cada ábside lateral se abrió un vano de pequeño tamaño durante el siglo XVIII. Los motivos decorativos llaman la atención del espectador; destacan los capiteles de las semicolumnas, que combinan motivos vegetales y zoomórficos, las flores de cuatro hojas de la arquivolta del vano del ábside central, las molduras ajedrezadas, las ménsulas de los aleros, decorados con motivos antropomórficos, vegetales, zoomórficos y las marcas de cantero.

La iglesia de San Pedro de Villanueva conserva los tres ábsides originales de planta semicircular.

  

La iglesia de San Pedro de Villanueva contaba con tres puertas de acceso. La portada principal se abre bajo la torre que se levantó en el siglo XVII; presenta arco de medio punto con cuatro arquivoltas, que descansan sobre el muro y tres columnas acodilladas sobre podio; lo más destacable son los motivos decorativos: la arquivolta exterior ofrece dientes de sierra, las dos intermedias flores de cuatro pétalos y la interior es lisa, en los capiteles se distinguen motivos historiados, vegetales y zoomórficos, reconociéndose escenas amorosas entre un caballero y una dama y de lucha entre un soldado y un oso. La segunda puerta comunicaba la iglesia con el claustro y se cegó en el siglo XVIII; es visible desde el claustro; la forma un arco de medio punto doblado con arquivolta, jamba y columna con capiteles decorados con motivos equinos y vegetales. La tercera portada se encuentra en los pies del templo; comunica la iglesia con la capilla de San Miguel, aledaña al claustro; está formada por un arco de medio punto con arquivolta, que descansa sobre jambas y aparece decorada con nido de avispa.

La portada principal de acceso a la iglesia de San Pedro de Villanueva presenta una decoración muy variada, donde se combinan motivos antropomórficos, geométricos, vegetales y zoomórficos.

  

La torre de la iglesia de San Pedro de Villanueva se levantó a finales del siglo XVII. Aparece adosada al muro meridional, cerca de la cabecera del templo. Presenta tres cuerpos: el primero descansa sobre pilares de gran desarrollo entre los que se abren arcos de medio punto, el segundo cuerpo es macizo y el tercero recibe las campanas.

Durante el último cuarto del siglo XVIII se acometieron dos reformas importantes. Las tres naves originales dejaron paso a una sola nave y una nueva cubierta, además se reforzó el muro perimetral con contrafuertes. El claustro actual es de estilo barroco, conservándose del románico una triple arcada de medio punto, que descansa sobre cuatro columnas con capiteles decorados con motivos vegetales.

La reforma del siglo XVIII sirvió para simplificar la planta de la iglesia de San Pedro de Villanueva, que pasó de tres naves de estilo románico a una de estilo barroco.

  

Del interior de la iglesia de San Pedro de Villanueva llaman la atención los arcos de medio punto sobre salmer, que comunican la nave con los ábsides, y la decoración escultórica de los capiteles con escenas historiadas.


En uno de los capiteles del interior de la iglesia de San Pedro de Villanueva aparece un hombre luchando con un león.

  

La iglesia de San Pedro de Villanueva ofrece cubiertas diferentes. Al exterior, la torre se cubre a cuatro aguas, la nave y el presbiterio a dos vertientes, los ábsides a un agua. En el interior, los ábsides aparecen cubiertos con bóveda de horno, el tramo recto del ábside central con bóveda de cañón y la nave con bóveda de arista. Las bóvedas aparecen decoradas con estuco.

Para construir la iglesia de San Pedro de Villanueva se utilizaron sillares de granito y ladrillo.

Se puede concluir que la iglesia de San Pedro de Villanueva es una de las edificaciones religiosas más singulares de Asturias por combinar los estilos románico y barroco.